Caterina y Gustavo son dos abogados, ella española, él brasileño que, motivados por su propia necesidad de consumir un pan más saludable, dejaron su carrera profesional para emprender. El resultado: una panadería de autor en Palma de Mallorca que combina diseño, arte y comunidad y que, además, se ha convertido en un templo del buen pan. En su obrador se producen 18 variedades de pan, pero no entran levaduras, colorantes ni ingredientes artificiales.